Mmmmm… qué ricos, ¿verdad? Seguro que en un momento de tedio habéis echado un ojo a la lista de ingredientes de algún producto del estilo (fabricación industrial). Y ¡voilà!, ¿qué habéis encontrado entre ellos?
Aceites vegetales
¡Oh, qué bien!, seguro que es aceite de oliva, o de girasol.
¿Seguro? Lo que es seguro es que si hubieran utilizado tan nobles aceites lo habrían resaltado en negrita, y con bordes dorados…: “100% aceite de Oliva/Girasol”
Verán, lo que se esconde tras esta denominación genérica es habitualmente aceite de palma y de coco.
- ¿Y qué tienen de malo?
- Pues que contienen ácidos grasos saturados, que de alguna forma, vendrían a ser las ovejas negras de entre los aceites vegetales. A diferencia de estos “hermanos bastardos”, los de origen vegetal suelen contener enlaces insaturados.
El contraejemplo positivo vendría dado por los ácidos grasos poliinsaturados que encontraríamos -entre otros- en el pescado azul. El salmón, por ejemplo, en contraste con el grueso de las grasas de origen animal, proporciona ácidos grasos omega-3.
Si habéis comprado salmón ahumado, habréis visto la cantidad de aceite (exudada, no añadida) que contiene el sobre.
Como recomendación final, decir que los frutos secos (no fritos), también contienen ácidos grasos cardio-saludables.