Un texto que me gusta trabajar con los alumnos de bachillerato lleva por título “El cesto de la abstención”.
Tal como les digo, el selectivo de lengua, por encima de todo, constituye una prueba de madurez. Mide vuestra capacidad crítica, de discernimiento y de coherencia en lo que desde esa óptica exponéis. Cómo os enfrentáis a un artículo de opinión, a las ideas que el autor presenta; valorando también su claridad expositiva, la cohesión textual, los argumentos que utiliza y las figuras retóricas de que pudiera servirse…
La abstención es una posibilidad sugerente: rechazar la política que se hace, rechazar el sistema tal como es, ser muy exigente, repudiar la propaganda y el gregarismo, censurar la componenda y la charlatanería, afirmar la individualidad, no tragar; exhibir la diferencia y la decepción, mostrar una pasividad que se pretende reactiva, vestirse con una mueca de superior desdén, demostrar que se es utópico, que se ama lo absoluto, que no se casa uno con nadie. Con nadie de esos. Mmmm, apetece. Pero la abstención, en la práctica, no es eso. No hay un partido de la abstención. Hay un cesto, una ensaladilla. Incluso una caja de Pandora que puede hacer pum. ¿Quiénes se abstienen?. Algunos analistas, desde dentro o desde fuera de la política, se apropian de ese treinta, cuarenta o cincuenta por ciento de abstencionistas. No están atentos a los vectores de lo cotidiano. Hay gente, mucha gente, que no va a votar porque le duele un pie, porque está enferma, porque viaja, porque trabaja, porque tiene unos asuntos, porque se va de fin de semana, porque tiene un cumpleaños, una boda o un entierro, porque llueve, porque hace frío, porque hace calor, porque está muy vieja, porque está muy joven y muy verde, porque le toca cuidar de alguien, porque tiene resaca, porque tiene un plan, porque no le apetece, sin más. Soñar con que toda la abstención es una abstención ilustrada, cabal, deliberada, interpeladora, recusadora, utopista, es eso, soñar. También en la abstención hay paletadas de aristocratismo. No mezclarse, repudiar el sistema participativo. Fascismo que se queda en casa para no contaminarse, para no descender a lo común. Esnobismo, diferencia impostada. No se aviene a la posibilidad del voto en blanco, demasiado pringue. En la abstención hay minorías intelectuales, heridas por la realidad de las cosas, con buena o mala intención y algo de soberbia, y hay ignorancia, pasotismo de quinta, ausencia total de interés por lo de todos. Sabemos lo que son los partidos, sus mañas y sus triquiñuelas, su clientelismo y su bovinismo. Pero sepamos también lo que es la variopinta abstención, tan hecha de retales, dolencias e indolencias.Y recordemos que la ausencia o la falsificación total del voto tiene un nombre: dictadura. Votar es difícil, pero, cuando es posible, es, cómo decirlo, ¿lo mejor que hay?.
Manuel Hidalgo [El Mundo, 15/06/1999]